Cuando empezó esta historia, ella no estaba en un buen momento de su vida. Las cosas no habían salido como lo esperaba y una cachetada dura y firme le había borrado la sonrisa. "Nunca más me enamoro", se dijo para si misma cuando él decidió irse para no volver y en eso andaba por esos días.
Hacía años que no lo veía al protagonista de esta historia, lo conocía a la perfección pero su condición de hombre casado no le había permitido acercarse a él como hubiera querido, aunque la piel siempre se le haya erizado en cada cena familiar.
Un día, un poco en joda, un poco en serio, intercambiaron algunas palabras "fuera de contexto" y otro día, intercambiaron algo más que palabras... ya nada fue igual. Lo importante de ésta anécdota se radica en la conexión sexual de X y el Viejo (como llamaremos a este buen hombre, aunque su edad no lo amerite). Ella nunca había vivido una experiencia de este estilo y como bien marca en cada ocasión que sale el tema "fue una gran bisagra" en su vida.
Todas las tardes, él se escapaba de su mundo familiar para correr a darle un beso, un abrazo y si el tiempo era generoso, una buena dosis de sexo que le volvía a poner la sonrisa en su lugar.
Una noche, como quien no quiere la cosa, él pudo "zafar" de un cumpleaños y fue a buscarla. Ella, a hurtadillas y con los zapatos en la mano, huyó de la casa familiar que la albergaba rumbo a un hotel alojamiento de mala muerte, al que nunca creyó en su vida que iba a ingresar.
Pero jamás había soñado con una noche como esa. En un turno de dos horas, aquel jugador de fútbol treintañero le hizo ver diez veces las estrellas y ella, que no imaginaba eso ni en los textos del kamasutra, creyó embriagarse para siempre.... El chico gritó seis goles pero a ella eso ya no le importaba, nunca superaría su propia marca y hasta temía que sus amigas no le creyeran la hazaña. (Aquí hace falta hacer una salvedad, el Viejo venía de entrenar doble turno, de tomar alcohol desde las 16 y de una despedida de solteros colmada de excesos... esto lo aclaro porque lo considero importantísimo a la hora de evaluar su performance). Nuestra chica común de la semana jura que no es multiorgásmica ni mucho menos, pero que ese día apuntó diez sonrisas.
Un día las cosas se fueron de las manos, él le propuso dejar su familia para disfrutar sin restricciones y ella, que a esas alturas ya creía amarlo, prefirió agradecer y decir que seguiría adelante con su vida sin él. La culpa la estaba matando y no confía demasiado en él como pareja.
Hoy a la distancia, aún espera toparse con un macho viril que la lleve a pasear al cielo por unas horas, pero con un antecedente así... se le va a complicar un poquito, ¿no?
Punto para los futbolistas!