Pongamos que la protagonista se llama Dolores (no es casualidad) y que el príncipe se llama Sebastián. Aclarado esto, se puede empezar a relatar esta historia digna de un cuento de hadas. Dolores es la primera en señalarnos el mundo de la medicina como un nicho a explorar y si bien la historia de sexo fue opacada con algunas lágrimas por culpa del amor, no deja de ser valiosa para este blog.
Primer acto:
Durante sus primeros años de vida compartió el hogar con su primo. La convivencia sumada a la poca diferencia de edad hacía de su relación una verdadera hermandad. Por eso, cuando Dolores tenía 8 años ya se criaba entre adolescentes (léase aquí que sus primeros amores rondaban entre el grupo de amigos de su querido primo, como era de esperarse). Era normal escucharlos preguntarle: “¿Dolores, cuándo seas grande querés ser mi novia?”, sin siquiera imaginar que algún día alguna de esas propuestas podía ser una verdadera posibilidad. O sí, quién sabe. Así fue que uno de ellos, Sebastián, fue su príncipe durante toda su infancia, podía cambiar los amores bajitos pero nunca dejaba de soñar con qué algún día él iba a cumplir su promesa y ser su novio para siempre. Como si fuera poca cosa, Sebastián era muy querido por toda la familia de Dolores así que frecuentaba todos los cumpleaños, reuniones familiares y fiestas... además de defenderla siempre de las cargadas de su malvado primo.
Segundo acto:
Durante toda su adolescencia las cosas no fueron muy distintas. No era fácil para Dolores dejar de imaginar la alegría que tendría toda la familia al enterarse de que estaban hechos el uno para el otro. El tiempo es sabio, y cuando ella comenzó a crecer se mudó de su antiguo hogar y cada vez lo veía menos, pero se daba cuenta cómo le latía el corazón cuando corría a abrir la puerta de la casa de su infancia, estando de visita, y era Sebastián quien esperaba al otro lado de la puerta. Amor Platónico si los hay... todavía recuerda como se escondía después de tocar el picaporte para que él no viera sus mejillas coloradas o sintiera el galopeo de ese gran amor.
Tercer acto:
Dolores se convirtió en una mujer y algo había cambiado en su relación con ese antiguo amor. Había aceptado que nunca se haría realidad y no quería vivir de ilusiones. Una noche, hablando de la vida con su primo, Dolores se animó y le confesó con temor el amor que sentía por su amigo. Nada de lo que imaginaba para ese momento sucedió, su primo lejos de ofenderse se convirtió en su cómplice y le prometió que haría todo lo posible para cumplirle su sueño. Ella estaba contenta, atravesaba un buen momento y no estaba segura de exponerse a eso, tenía una agenda completa y no le faltaban pretendientes... ¿Estaría lista para correr ese riesgo; y si se enamoraba demasiado? No lo sabía, pero negoció con su primo que harían lo posible por conseguir un momento con Sebastián y ella a cambio debería conseguirle a su primo una cita con una amiga.
Cuarto acto:
Como si Sebastián no estuviera conforme con cortarle la respiración de la misma forma que a los 8 años aún a los 20, ahora estudiaba Odontología y se ofrecía siempre para cuidar su salud y atenderla enfundado en un bonito ambo color verde. Además de ser un hombre adulto y contar con los atributos que ella buscaba en todos los hombre, era dentista… ¡Una fantasía hecha realidad!
Días después, el primo cumplió con su parte y consiguió la tan deseada charla en un bar a las 4 de la mañana pero como Sebastián se tomaba un fernet y no decía demasiado, Dolores amenazó con irse con sus amigas. No iba a ser posible, cuando se estaba yendo la tomó de la mano y le dijo que sólo se iría con él y a un lugar más tranquilo para estar juntos.
Intervalo… (Le temblaban las piernas. No sabía si materializar su sueño o dar marcha atrás. Había dos escenarios posibles que podía arrojarle ese encuentro íntimo: o lo bajaba del pedestal en el que lo tuvo toda la vida o se enamoraba aún más)
Quinto y último acto:
El lugar íntimo era su consultorio. Con cada beso sintió que le bajó las estrellas y cuando se encontraron los cuerpos ya no había vuelta atrás. Se acabaron todos los pensamientos. Dolores nunca había imaginado que se podía sentir así, que con una mirada volvería a tener 8 años y ponerse colorada, que había valido tanto la pena la espera. Pero todos los cuentos de amor tienen un pero, y el pero de esta historia es lo que vendría después. La historia duró unos meses y cada vez se hacía más difícil no demostrar el amor que se sentía, la química, la piel y las ganas de multiplicar los encuentros. Al contrario de lo que se supone para un final feliz, él no estaba listo para jugarse por esa relación y a ella (teniendo en cuenta sus sentimientos) no le quedó otra que poner un punto final. Dolió el corazón como un dolor de muelas, pero ésta vez él ya no se lo pudo curar.
Fin
viernes, 11 de julio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
5 comentarios:
OUCHHH!
Me duelen las muelas y el pecho, la editora relató esta historia como la viví.
Muchas gracias,
Dolores
Por favooor! Se me escapó un lagrimón. ¿Por qué se tuvo que terminar? Qué cagones son los hombres cuando quieren y cómo nos pueden romper el corazón no?
Un beso grande, ánimo Dolores!
guau... no podia dejar de leer y no podia creer que estaba terminando.. Y ASI!... :(
yo tengo una historia parecida, pero por suerte a los doce se termino toda la ilusion y ahora (es drogadicto y anda con putas baratas) no hay ninguna posibilidad de que me fije en aquel vecino con el que durante la infancia nos juramos amor eterno... senti cada cosquilleo que sintio dolores, temble como ella... todo.. pero por suerte desaparecio a tiempo para no sufrir asi!
(y hoy ando con nuevas experiencias que (creo) me van a hacer sufrir mas aun..).
saludos!!
NOOOOOOO!!!
Un amor tan lindo!!!!
Todos los hombres nacen con el gen activo para cag..se en un amor tan romantico !!
que lo tiro!!
Besos y voy a volver!
eres una puta yo soy mejor que tu prostituta yo soy español de sangre azul me gustan los penes de negros
Publicar un comentario